Luna

LunaLa Luna realiza funciones de televisor cósmico, por cuanto recoge todas las pulsiones procedentes de cada Séfira y las convierte en imágenes internas, del mismo modo que el tubo catódico de nuestros aparatos de televisión, las pulsiones eléctricas que recibe del exterior son transformadas en puntos luminosos que producen un color según su intensidad, dando lugar a la imagen que aparecerá en la pantalla, la cual ocupa el lugar de nuestra vida real, en la que se proyectan las imágenes elaboradas por Yesod.

Si observamos el televisor por dentro, causa asombro la complicada red de hilos y pequeñas piezas que permiten a la imagen hacerse y comprendemos inmediatamente que todo un equipo de operarios ha tenido que realizar delicados trabajos para que esa maravilla de la técnica pueda funcionar.

Si contemplamos la Luna en una noche estrellada, no vemos sin embargo más que una faz blanca y, desde que el hombre puso los pies en el satélite, sabemos que si pudiéramos verla desde su propio suelo, no veríamos en ella mucho más de lo que vemos contemplándola desde nuestra azotea. Es evidente que en la Luna física que vemos no puede desarrollarse esa sorprendente actividad que consiste en cristalizar los impulsos procedentes de los demás Sefirot y convertirlos en escenarios y en anécdotas que constituyen la trama de nuestra vida.

La Luna astrológica a que nos referimos es sin duda alguna otra Luna, no ésa en la que pusieron los pies por primera vez los astronautas americanos. ¿Qué Luna es pues esa de la cual estamos hablando? La doctrina esotérica nos dice que en la Luna operan los Ángeles de Jehová, ocupados en las tareas de fecundidad y cristalizaciones. Nos dice igualmente esa doctrina que el campo de actividad de los Ángeles es el Mundo Etérico, encontrándose su sede en el Mundo de los Deseos. El más inferior de sus cuerpos es el Vital, pero habiendo adquirido la autoconciencia en el Tercer Día de la Creación, cuando esfera en que evolucionaban se encontraba en el Mundo de Deseos, éste es su universo natural, como el mundo físico es el nuestro. Podemos decir pues que los Ángeles tienen su vivencia en el Mundo del Deseo, pero que su puesto de trabajo, en lo que se refiere a la proyección de pulsiones cósmicas sobre nuestro mundo físico, está en el Mundo Etérico o Vital.

Podría decirse que la luna es el “disparadero”, el campo de tiro desde el que los proyectiles cósmicos son dirigidos a la tierra. Si la Luna física no existiera, nunca conseguiríamos haber desde dónde esos proyectiles nos son disparados y, por lo tanto, no podríamos averiguar la carga que contienen. La Luna física, que da la vuelta completa al Zodíaco en 28 días, nos da la posibilidad de enterarnos del contenido de la carga, ya que, como hemos dicho a lo largo de estas lecciones, un planeta proyecta sobre nuestra tierra humana los gérmenes que contiene el signo zodiacal en que se encuentra alojado y las propiedades del planeta con el cual forma aspecto.

La particularidad de la Luna es que no tiene una personalidad específica. Los demás planetas, al trasmitirnos las energías zodiacales, añaden a ellas sus propios excedentes energéticos, alterando así de algún modo el mensaje zodiacal. La Luna se limita trasmitir los contenidos zodiacales en toda su pureza, y cuando, por aspecto, nos transmite una relación entre dos planetas, lo hace neutralmente, sin añadirle ni disminuirle nada, del mismo modo que el aparato de televisión, con el que la hemos comparado tantas veces, nos transmite las pulsiones recibidas, sin que el aparato mismo, por su cuenta, le añada adornos.

Resumiendo diremos que la Luna es el laboratorio que tiene montado en el Árbol de la Vida Cabalístico el Séfira llamado Malkuth, cuya expresión material es nuestra Tierra, para introducir en su macro-cuerpo las pulsiones provenientes del Zodíaco y de los demás Sefirot.

La parte de energía absorbida, al pasar por nuestro cuerpo, se transforma en actos, no actos cualquiera, sino en los que corresponde a su potencialidad: es lo que hemos querido significar al decir que las imágenes internas elaboradas por la Luna, son el negativo de lo que será luego el positivo al vivir la situación en el mundo físico. O sea, que esas energías tienen un poder coercitivo al penetrar en nosotros, pero no se trata de una fatalidad que nos obligue a realizar algo contra nosotros mismos, ya que esas imágenes lunares representan el estadio final de un largo proceso de elaboración de los sentidos y del pensamiento y sentimientos humanos. Si después de haber pasado por las 7 fases de elaboración, que van de Hochmah a Hod, se produce una forma definitiva que da lugar a una vivencia inapelable, ¿podemos quejarnos de que se nos obliga vivir lo que con tanto cuidado hemos elaborado? La libertad existe desde Hochmah a Hod. A partir de ahí, entramos en el dominio de lo instituido, de lo determinado.

Sin embargo, Yesod es un laboratorio, una vasta base científica desde la que la Vida se inocula al ser humano y, siendo así, los científicos que trabajan en ella, han previsto la posibilidad de que se produzca una inversión en los mandos. Es decir, cuando la energía penetra en el organismo físico y se produce el negativo de lo que inmediatamente va a positivarse, el individuo puede tomar conciencia de esa imagen negativa y comprender la experiencia que ha de aportarle su vivencia. Entonces, encontrándose en condiciones de aportar esa experiencia a su Ego Superior sin necesidad de vivirla en el mundo físico, su protagonismo ya no será necesario. Cuando esto ocurre, la Luna realiza su otra función, la de restituir al cosmos, a cada uno de los Sefirot, las energías que le pertenecen y que no se han llegado a utilizar.

Esta segunda función de la Luna es bastante más amplia, ya que si por un lado dispara la vitalidad planetaria hacia la tierra física, es también la plataforma que dispara hacia arriba el fruto de nuestras experiencias. Ya sabemos que a través de los éteres reflector y luminoso, la Memoria sube hacia el Ego y los Sentidos reinvierten su proyección para contemplar el mundo de arriba. Pero además desde ese Centro llamado Yesod se reinvierte al universo las propiedades que hemos adquirido gracias a los materiales que cada Centro nos ha prestado.

La Luna representa pues el receptáculo que contiene nuestra historia vivida y a través de ese laboratorio espacial que hay en nosotros, dirigido por los Ángeles de Yesod, ese historial es proyectado al universo para su ejemplarización.

Para terminar este largo preámbulo, hablemos del aspecto femenino de la Luna. En el Horóscopo Solar, la Luna representa la personalidad femenina con la cual se identifica positivamente la mujer, de modo que cuanto mejor conozcamos las funciones de la Luna, mejor sabremos cuáles deben ser las funciones de la mujer.

Por lo que llevamos dicho, si la Luna convierte en imágenes materiales las pulsiones cósmicas, la mujer ha de ser quien dé una forma física a la vida, a través de la maternidad. Si la luna es el Centro que nos aprovisiona en fuerzas estelares, la mujer ha de ser quien, en la sociedad, dé a los hombres motivaciones que los impulsen a obrar. Eso es lo que querían decir los poetas cuando presentaban a la mujer como la inspiradora. Si la Luna es la guardiana de la fuerza moral acumulada a lo largo de las vidas y que forma nuestra mente subconsciente, la mujer ha de ser igualmente la guardiana de la moral, ha de constituir la voz de la conciencia.

Sigamos con los significados de la Luna. En el sistema solar, vemos que la Luna refracta la luz del Sol y gracias a su cualidad de cuerpo refractario disponemos de una parte de luz durante las noches. La noche simboliza el no ser, el inconsciente, la tierra de elección del mal. Apenas caen las sombras de la noche, los espíritus que trabajan con las fuerzas unitarias del universo deben abandonar sus tareas para dejar el espacio libre a las entidades que trabajan con las fuerzas de Repulsión por el contrario, con las primeras luces del alma, los agentes de la multiplicidad y del caos se retiran y vuelven a reinar los espíritus de la luz. La Luna, al brillar en las tinieblas, representa la promesa de redención para ese mundo de las sombras. La mujer ha de ser también es esperanza en la noche oscura.

El Sol no puede ser contemplado a ojo desnudo, en cambio la Luna si. La Luna, habituando progresivamente el ojo humano la luz, hará posible que un día podamos contemplar cara a cara el Sol. La Luna es el camino que conduce al Sol, como el Sol es el camino que conduce a Kether. Por ello las primeras religiones, llamadas lunares, desembocaban todas en Cristo, mientras Cristo es el camino para ir al Padre.

Kabaleb

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