Las doce Casas Terrestres

La filosofía esotérica nos dice que todo material utilizado en la creación de la vida procede del Zodiaco. En él se encuentran los abundantes pastos, el alimento. Ese alimento nos es inoculado mediante el tránsito de los planetas alrededor del Zodiaco en forma de energías creadoras, que nosotros exteriorizamos convirtiéndolas en actos, para la formación de nuestra sociedad a través de las llamadas Casas Terrestres. Estos son, pues, canales de transmisión de energía y son doce, como doce son los signos del Zodiaco.

La Astrología Cabalística trabaja, principalmente, con el llamado zodiaco constituyente, en el cual los signos están ordenados por Elementos, siguiendo el orden que tienen en la Creación. En este artículo sobre las Casas, Kabaleb las ha situado en ese orden, primero las de Fuego, las de Agua, las de Aire y las de Tierra.

El Ascendente o Casa I

El Ego Superior actúa a través de Tiphereth-Sol (el Séfira 6 del Árbol de la Vida), que constituye el Centro de nuestra conciencia, de modo que cuando nuestro Ego decide realizar una determinada experiencia física, de acuerdo con los Ángeles del destino, sitúa el Sol en un determinado punto del Zodiaco. Entonces esa experiencia se realizará por dentro, y desde el interior de la conciencia se irá abriendo paso hacia el exterior, o sea, hacia Malkuth.

El objetivo del Ego Superior es el de conseguir que el comportamiento exterior del individuo sea conforme al impulso que le viene desde el interior, pero su contrapartida material, es decir, el ser humano, el Yo físico, viene al mundo con una seria de hábitos heredados de la existencia anterior. Estos hábitos y tendencias heredades están indicadas por la posición del Ascendente y el resto de las Casas Terrestres atadas a ese Ascendente.

O sea, Malkuth-Ascendente representa la personalidad arcaica, la heredada de otra vida, la que actúa según las normas que le fueron inculcadas anteriormente, obedeciendo a un programa que en una vida pasada empezó por dentro, en nuestra conciencia, y que ahora, al iniciarse la nueva vida, ha llegado a las capas exteriores de la personalidad.

Así el Ascendente representará nuestra personalidad exterior, la forma en que nos mostramos a los demás, lo que transmitimos por fuera.

La Casa V

La Casa V es, esencialmente, la de la suerte. La Astrología convencional ha situado aquí las ganancias procedentes del juego, de las especulaciones, la suerte en el amor, el tiempo libre, en resumen, es como un regalo de la vida, en ella podemos hacer lo que nos place. Dada la vinculación de la Casa V con Leo y el papel que desempeña este signo en las vacaciones, vemos que efectivamente el tiempo de holganza se expresa a través de ese canal.

Suerte, etimológicamente, significa ayuda de Dios, regalo de la providencia. Es el regalo que Hochmah nos hace por haber puesto nuestra voluntad al servicio de la obra divina cuando, en un anterior período, nuestra voluntad se proyectó al mundo a través de nuestro Ascendente. Ahora, la divinidad hará surgir en nuestro jardín las flores de nuestros merecimientos.

Es decir, de la misma manera que en el mundo de las formas existen bancos en los que guardamos nuestros valores, en las esferas más sutiles (en otras dimensiones que, no por invisibles, dejan de existir) también se encuentran -en virtud de la ley hermética “Como arriba es abajo“- unos depósitos que contienen otros valores que hemos ido acumulando. Pero estos no cotizan en bolsa ya que se trata de unas alforjas compuestas por nuestros actos, sentimientos y pensamientos bondadosos, altruistas y solidarios de ésta u otras vidas.

Cuando, debido a algún tránsito planetario o a una lunación, la Casa V se activa, estos “depósitos celestiales” abren sus compuertas y derraman sobre el interesado lo que comúnmente llamamos “suerte”, la cual puede traducirse en circunstancias felices en el amor, en los negocios, en el juego, allí donde la persona más lo desee, suponiendo que ello no interfiera en su karma, naturalmente. Pero si su “cuenta celestial” está vacía, es decir, si en ésta u otras vidas, nunca ha hecho don de su persona, de sus posesiones, de su cariño, aunque se junten en su Casa V todos los cuerpos celestiales del universo, poco va a cobrar.

La Casa V será pues el canal a través del cual se manifiestan nuestros amores en el sentido más noble que pueda darse a esa palabra. Toda la bondad activa, derramada en el pasado sobre nuestros semejantes, sin esperar nada a cambio, nos la encontraremos en una nueva existencia manifestada como amor. No se trata pues de un sentimiento interesado, sino que encontramos inscritos en la Casa V los amores que despertamos en personas que no nos piden nada a cambio. Estarán dispuestas a todo por nosotros, aunque las defraudemos, gastando quizá inconsecuentemente ese capital de ternura que habíamos edificado.

La Casa IX

La Casa IX está presidida por el Séfira Binah, y ello significa que a través de ella se expresa el rigor, como todas las Casas en las que tenga lugar una exteriorización. La Casa IX expresa en la tierra lo que Sagitario expresa en el cielo. Si en el signo es el pensamiento divino el que emana, en la Casa será el pensamiento de nuestro Ego Superior el que se interioriza en la tierra.

Conviene aclarar el concepto “pensamiento”. Los signos de Fuego son portadores de un propósito divino, al que damos el nombre de “designio”. Este designio emana de nuestro Ego Superior, que es la parcela divina interiorizada en nosotros y, propiamente hablando, es un pensamiento que el Ego Superior ha formulado. Este pensamiento divino desciende al mundo material para encarnarse. Es como si cada uno de nosotros se adueñara al nacer, de una parcela de cielo con el propósito de plantarla en la tierra, de manera que cuando todo el pensamiento divino haya sido plantado en nuestro mundo material, podremos decir que la tierra es como el cielo y el programa del Creador se habrá realizado. Ese pensamiento del Ego Superior es captado por los sentimientos a través de los signos de Agua, y luego, al pasar por los signos de Aire, recibe un Cuerpo Mental y el pensamiento divino pierde amplitud al concretarse, al pasar de lo abstracto a lo concreto, convirtiéndose en un pensamiento humano diferenciado, escindido de sus raíces, como si aquel fuera el Único pensamiento, como si encerrara la única verdad. De ahí que muchas veces hablemos de pensamiento referido a los signos de Fuego y a los signos de Aire. El pensamiento-Aire es el único que será implantado finalmente en la tierra.

Para el pensamiento-designio que emana de la Casa IX las realidades materiales no cuentan, ni las consideraciones de orden práctico. Es una fuerza espiritual que rebosa de nosotros de forma altruista y necesaria, porque nuestra reserva interna de espiritualidad se encuentra llena hasta los topes y rezuma al exterior. Lo que se derrama es lo que se ha formado en nosotros gracias a la floración que ha surgido de nuestra tierra cuando los mecanismos de la Casa V se han activado: la suerte, el amor, los hijos, las obras, la libertad, todo ello se derrama de nuestro receptáculo interno, a fin de que el mundo reciba todo lo que ha constituido nuestra felicidad, para que éste sea todo lo feliz que nosotros hemos sido, de modo que nuestra satisfacción interior será la que exportaremos, a través de la IX, al mundo que nos rodea.

Las características peculiares de Binah nos obligarán a reducir la intensidad de nuestro derrame. Nuestro pletórico mundo interno deberá renunciar a expresarse en su totalidad para adaptarse al marco material en que vivimos; es decir, no todos los zumos que se derraman de nuestra copa interna podrán ser aprovechados.

La situación, aspectos y posiciones planetarias sobre la Casa IX nos indicarán si esa exteriorización será amplia, estrecha, si dejará en nosotros una frustración interior, o bien si nos dejará plenamente satisfechos.

Si en Sagitario la ley divina se manifiesta como expresión del bien y del orden cósmico, por el canal IX manifestaremos al mundo nuestro bien y nuestro orden interno, o sea, lo que convencionalmente podemos llamar nuestra personalidad moral. La manifestación de esa personalidad modificará la estructura del mundo en que vivimos, modificará nuestro espacio humano y así entraremos en contacto con personas que nunca habíamos conocido y nos veremos situados en ambientes en los que nunca habíamos puesto los pies. Al exteriorizar nuestras virtudes morales nos “moveremos”, será como si hubiésemos efectuado un viaje. La dinámica de la Casa IX nos “aleja” constantemente de la tierra en la que vivíamos antes de la exteriorización.

Si ese desplazamiento interno no se produce, entonces es cuando aparece el viaje físico, de modo que este viaje será siempre debido a la incapacidad del individuo de mover sus estructuras internas para producir el cambio anímico que le permitiría cumplir con el programa inscrito en este sector. Al no poder ser distinta la tierra en que vive, tendrá que ir a otra tierra que reúna las condiciones de la que él debía haber creado con su actuación moral. Tal vez en ese nuevo territorio descubra las propiedades que debió contribuir a formar y tome conciencia de ellas. Son numerosas las personas que en el transcurso de un viaje han entrado en contacto con la espiritualidad.

La Casa IV

En el signo de Cáncer se produce literalmente la «caída» de los mundos espirituales, representados por los signos de Fuego, a un mundo inferior, el del Agua; «caída» que fue protagonizada por el ser humano en el estadio adamita. Podemos decir que la espiritualidad cae en los sentimientos, y si bien esa espiritualidad pierde su mundo, ilumina con su luz un universo que, sin ese fenómeno, permanecería oscuro.

La Casa IV ha de canalizar pues, las apetencias interiores oscuras y nostálgicas. Oscuras porque aún no se han abierto camino hacia el exterior. Los sentimientos están vivos, porque llevan incorporada la luz caída del mundo de arriba, pero se encuentran indiferenciados, en estado de caos. La Casa IV canalizará, pues, los sentimientos puros, capaces de producir nuestra propia regeneración y la ajena, la de los hombres y la del mundo, puesto que en las aguas de Cáncer, repitámoslo, se encuentra el Fuego de la espiritualidad interiorizado en ellas.

Luego estas aguas atravesarán los demás signos de Agua y se degradarán, utilizando el motor espiritual, la Voluntad-Fuego, para empresas materiales. La Casa IV será así el canal que libere las fuerzas regeneradoras encerradas en nosotros y cuando, en el ciclo anual, el Sol transite por este sector del Horóscopo, ello significará que el individuo tendrá la posibilidad de sacar de sus adentros el fluido maravilloso que ha de restaurarlo, curarlo si está enfermo, acabar con sus hábitos perniciosos.

Canaliza igualmente todo lo que hay en el individuo de anterior, pasado, infantil, maternal, por cuanto en esos estados anteriores se encuentra simbólicamente la pureza que ha de transmutar nuestra vida. Cuando esta Casa IV se pone en relieve por el tránsito del Sol, aparecerán en nuestra vida elementos del pasado, de la infancia, de la juventud o de una vida pasada. Las cuestiones relacionadas con la madre se pondrán en evidencia, por ser ella nuestro origen y representar simbólicamente la original pureza de la que procedemos todos.

Conviene cuando la Casa IV se ilumina en nuestro tema nos acerquemos a la madre, la festejemos, le dediquemos ofrendas, porque de esta forma nos acercaremos físicamente al símbolo de nuestra pureza original y forzaremos al canal de la Casa IV a sacar de nuestro interior el agua pura que en él se encuentra.

Quede bien entendido que el trabajo de la Casa IV consiste en renacer. En el proceso natural de elaboración de la vida, la etapa Fuego corresponde al trabajo de gestación interna. La emergencia del embrión a la luz se produce al romper las aguas de Cáncer, de manera que cuando el Sol emerge anualmente en la Casa IV, tiene lugar este renacer, y por lo tanto, se produce el retorno anual a la pureza.

En la medida en que no seamos capaces de retomar internamente a la pureza, conviene que nos acerquemos a los signos externos que la representan: la madre, el mundo infantil, los escenarios de nuestra niñez, los amigos de entonces. Conviene que lo hagamos así, en virtud de esa ley que quiere que moviendo las cosas de abajo, se muevan al mismo tiempo arriba. Hagamos siempre lo que está en nuestra mano con la seguridad de que se nos prestará ayuda en aquello que aún no somos capaces de realizar.

La Casa VIII

En la Casa VIII se encuentran todos los derivados de la IV. Pero en la VIII encontramos una mezcla de los puros con los impuros. Y aún entre los primeros se tratará de una pureza mediatizada, de una sub-pureza, por así decirlo, ya que nos estamos moviendo en el mundo de los deseos y la espiritualidad que pueda haber en él, con relación al mundo superior, será siempre de segundo grado.

Los deseos emitidos a través del canal IV florecerán en nuestra vida a través del canal VIII. Al hablar de las aguas de Cáncer, hemos dicho siempre que son aguas puras, pero se trata de una referencia al símbolo primordial. Es evidente que a fuerza de vivir y de trabajar con esas aguas, en la práctica ya no son tan puras, ya que si bien en cada nueva vida disponemos de un remanente de aguas puras, a ellas se une la corriente que cae de nuestro «cielo» precedente, de pasadas encarnaciones, y esas aguas, con las que ya hemos trabajado anteriormente, pueden ser muy negras. Si el signo de Cáncer recibe malos aspectos, lo que florecerá y nos será integrado a través del canal VIII, no serán las flores cultivadas en aguas puras sino las flores del mal, producidas por aguas usadas y altamente polucionadas.

De ahí que la Casa VIII sea considerada como la de las pasiones secretas, ya que sus efectos se producen en el interior del individuo, siendo la VIII una Casa He, de interiorización.

Por su pertenencia a Escorpio, la VIII es la Casa de la generación. En efecto, Fuego y Agua son los dos elementos necesarios a toda creación. En las Aguas de Cáncer va incorporado ya el Fuego del ciclo precedente, y es en Escorpio donde esa Agua-Fuego se incrusta en la Tierra -humana- para elaborar el producto. Como la Casa VIII es el canal a través del cual lo escorpiniano que hay en nosotros se manifiesta, es evidente que será la Casa VIII la que nos indicará la aptitud o no aptitud del individuo para la generación. Los malos aspectos sobre la Casa VIII producirán siempre dificultades de algún tipo en las tareas generativas. Pero, siendo éste un trabajo a realizar entre dos, los juicios sobre esterilidad o fecundidad sólo podrán ser emitidos a la vista de los dos temas. El equilibrio en la distribución de planetas entre signos de Fuego y de Agua ha de dar un individuo fecundo. Pero si en un tema Astral sólo estuvieran activados los signos de Agua, el interesado podría ser muy fecundo si se juntara con una persona en cuyo tema sólo hubiera Fuego. Cuando los signos de Fuego y de Agua no están ocupados por fuerza planetaria alguna, concluiremos que será muy difícil que esta persona tenga descendencia.

Puede ocurrir que estando activados en un tema ambos elementos, se produzcan aspectos destructores sobre la Casa VIII y entonces habrán obstáculos, que pueden ser abortos naturales en una mujer o mala predisposición psíquica: abortos provocados y, en un hombre, inhibición en las tareas conceptivas etc. Puede también haber enfermedades, reales o imaginarias; es decir, patologías producidas por la propia psique del individuo ante el temor de enfrentarse directamente con la realidad de que no quiere tener hijos.

La Casa VIII es la de los goces, como lo son todas las derivadas de signos fijos, ya que en ellas se manifiesta el Amor de Hochmah como premio al despliegue de la voluntad, realizado a través de las Casas Cardinales: I, IV, VII y X. Si a través de la IV se han perseguido esos goces, el canal VIII ofrecerá al individuo la posibilidad de experimentarlos.

La VIII incluye toda una gama de goces, por así decirlo, legítimos, que son los puramente sentimentales, los derivados del elemento Agua. El goce de los sentimientos cubre un amplio espectro que va de las emociones puras que nos produce una obra de arte, un bello espectáculo, un magnífico paisaje, el placer de obrar bien, de servir, etc., hasta los goces impuros de poseer, de doblegar, de mandar sobre el otro. La situación de la Casa VIII y los aspectos que forme nos informarán sobre el género de placeres que cultiva la persona.

Los goces ilegítimos son los que no se derivan de los sentimientos o de la espiritualidad, que representa una etapa anterior, sino que se refieren a los ciclos de Aire-Tierra, que se encuentran más allá del Agua. En este sentido, el placer de poder social y político, el afán de poder, constituirá un «goce ilegítimo», lo mismo que el afán de riquezas, que corresponde al ciclo de Tierra. Por ello la Astrología tradicional nos dice que a través del canal VIII nos viene, no el dinero ganado por el propio esfuerzo, lo cual corresponde a las funciones del canal 2, sino el que nos viene a través de los demás, del cónyuge, de los socios, de las rentas, de herencias o donaciones.

Como cada Casa expresa la dinámica de la vida que estamos viviendo y al mismo tiempo los resultados provenientes de vidas pasadas, en la Casa VIII veremos reflejadas ambas cosas. Si se encuentra en signos de Tierra, ello indicará que en ese aspecto el individuo finaliza un ciclo y que, por lo tanto, los goces se encuentran en su fase cíclica final, lo que permite presumir que muchos serán los que le deban dinero. Será, por tanto, el heredero nato. En tal caso, el dinero que le viene de los demás no puede ser considerado como placer perverso, ya que es el pago de pasados esfuerzos.

Si la Casa VIII se encuentra en signos de Fuego, es síntoma de que en lo que se refiere a la riqueza, está iniciando un nuevo ciclo y que no debe esperar nada del pasado. Si el individuo va en busca de los bienes ajenos, del esfuerzo impropio, del cónyuge rico, todo ello obedecerá a un afán ¡legítimo de gozar de algo que no está inscrito en su tema y, por lo tanto, está actuando fuera de su órbita natural.

La Casa XII

Si Piscis es el signo a través del cual las emociones se exteriorizan, la Casa XII será aquella a través de la cual las emociones, después de haber construido el Yo interior, gracias a las funciones de Escorpio-Casa VIII, se derraman en el medio cambiante en el cual vivimos, a fin de crear el mundo a nuestra imagen y semejanza, tal como Dios lo hizo al crear el universo.

La doctrina Rosacruz nos enseña que Piscis es el signo de los espíritus virginales; es decir, el espacio cósmico que se ofrece a nuestros afanes creadores para modelar el universo. Hemos dicho alguna vez que el ser humano, ya en su estado actual, participa en la creación del mundo, de modo que cuando un hombre emite una idea valedera, esto es, una idea que encaja con los esquemas ya existentes, que no es contraria a la Ley Universal, esta idea queda inscrita en los mundos superiores y a partir de aquel momento forma parte de las leyes actuantes en el universo. Es en Piscis donde esa idea queda registrada, incorporándose en el programa de los genios que trabajan en este signo, o sea, los que van del nº 67 al 72.

Por ello la Casa XII es quizá la más humana de todas las Casas Terrestres, ya que por ella se canalizan los sentimientos del hombre hacia el marco en que vive, llevado por ese afán de ser un pequeño dios y configurar la realidad circundante a su imagen y semejanza.

La astrología clásica nos dice que ésta es la Casa de las pruebas y muchos entienden bajo esta palabra que es la de las tribulaciones, peripecias, dificultades. Lo que acabamos de decir nos permite comprender todo el alcance de la palabra pruebas, ya que realmente el hombre, a través del canal de la XII, probará, intentará “moldear” el mundo tal como él lo siente, tal como se lo dictan sus sentimientos. Naturalmente, el mundo no puede ser según son los más de seis mil millones de seres que lo pueblan, de modo que cada individuo deberá efectuar ajustes y reajustes que lo llevarán finalmente a la evidencia de que es preciso entenderse con los demás, y la Casa XII cederá el paso a las funciones de la Casa VII (que es la que viene después en el Zodíaco Constituyente, o sea, por Elementos), a través de la cual será posible formar grupos y establecer una cooperación. Pero en la espera de que esa comprensión se produzca, a través de la Casa XII serán bombeados una y otra vez nuestros sentimientos cargados de la pretensión de ser los ordenadores del universo en que vivimos.

Si esos sentimientos son puros, si son positivos, exaltantes, la persona tratará de construir a su alrededor, a través de ese canal, un mundo de bondad y fraternidad, y por su acción diaria la tierra se verá descargada de sus impurezas.

Pero si esos sentimientos son poco edificantes, construirá a su alrededor un marco corrupto en el que se instalará el vicio y el desorden, propiciando toda clase de dramas, puesto que en ese espacio reinará la Ley de Repulsión que lo destroza todo. La Casa XII nos indicará, pues, con bastante exactitud el ambiente en el que se moverá el individuo, puesto que será a través de ella que edificará su pequeño universo concreto.

En signos de Fuego, los sentimientos se disfrazarán con la túnica blanca de los valores morales para construir su marco humano. En signos de Agua, se manifestarán con su auténtica identidad. En signos de Aire adoptarán el disfraz de las ideas. En signos de Tierra operarán a través de lo concreto y estructurado.

Al hablar de Cáncer y de la Casa IV, ya vimos como el Agua constituía un espacio de anti-universo. El Elemento Agua ya existía potencialmente en el espacio que los Elohim (o divinidad creadora) reservaron para su obra, pero en el Primer Día sólo actuaron los signos de Fuego. En el Segundo Día de la Creación entraron en fase activa los signos de Agua. Entonces la nebulosa incandescente, en contacto con el Agua, generó el vapor, que el espacio condensaría en Agua, lanzada en oleadas sucesivas para apagar el Fuego Primordial. El Agua es, pues, el «enemigo» del Fuego y para que sus valores se integren a la Obra Divina es preciso que pierdan su cualidad específica para convertirse en un elemento adaptado a la obra.

Por la XII el ser humano expresa, pues, doble polaridad. Si nuestros deseos se concilian con el Elemento Fuego, recibimos la ayuda de los ángeles, que son quienes trabajan con las fuerzas integradoras. Si, por el contrario, nuestros deseos persiguen objetivos incompatibles con el propósito divino (es decir, con el programa del Ego Superior), recibimos asistencia de los luciferianos (ángeles caídos) que trabajarán con nuestra voluntad perversa.

Así, la XII es la puerta por la cual la obra recibe un formidable impulso hacia delante, ya que en los dos estadios anteriores las fuerzas creadoras se utilizaban luchando contra la agresión. En la XII por fin nos decidimos a desplegar los peones de nuestro juego y a instituir en firme, en el espacio externo en que nos movemos, el bien que llevamos dentro, o el mal. Si es esto último, ya la vida se encargará de enseñamos, porque ese mal suscitará forzosamente una reacción, de modo que a nuestro alrededor aparecerán los «enemigos», las desgracias, las dificultades, que nos obligarán finalmente a rectificar y entendernos con las leyes inamovibles.

Queda así explicado por qué la Astrología Tradicional considera esta Casa como la de los enemigos, y ya hemos dicho igualmente -y claramente aparece en ese contexto- por qué es también la de las cárceles, los impedimentos, la privación de la libertad, resultantes todas ellas del empeño de que nuestros sentimientos encajen en una realidad que no ofrece condiciones para su existencia. Entonces el individuo fuerza las cosas, las doblega, las violenta, y la justa reacción de las cosas lo priva de su libertad y hasta quizá de su vida misma.

Por último, la Astrología Tradicional considera que es la Casa de los secretos y los misterios, y ciertamente, por el canal de la XII se expresa nuestro mundo interior, cubierto por el impenetrable sello secreto que ponemos en todo lo relacionado con nuestros sentimientos. Es de este arcano secreto, de nuestro Yo sentimental de donde emerge esa fuerza que nadie puede medir hasta que se ha alzado hacia su objetivo con el empeño titánico de hacer el mundo semejante a como nosotros somos en nuestras oscuras emociones.

La Casa VII

La Casa VII es el canal por el cual circulan las semillas de nuestra unidad reconquistada. El hombre primigenio era hermafrodita, pero su unidad fue escindida y a partir de entonces cada ser humano no es más que la parte de un todo. Su capacidad creadora, tanto en el mundo físico como en los demás mundos, dependerá de la colaboración del otro Yo.

El canal VII es el de la búsqueda del otro Yo, del ser que posee cualidades que complementan con las nuestras. Mientras hemos permanecido bajo el dominio de los signos de Agua, que organizan y potencian el Yo emotivo, no hemos sentido la necesidad de un complemento: nos bastaba nuestro egoísmo. Pero cuando la razón de Libra (ya que éste es el signo que corresponde a la Casa VII) entra en funciones, nos hace ver la necesidad de complementar nuestro edificio humano, y puesto que las exigencias de la Creación han hecho que no seamos más que una mitad, será preciso que nos pongamos en marcha para encontrar el «otro» en el exterior.

La posición de la Casa VII nos dirá, pues, dónde el individuo irá a buscar el complemento, dónde plantará las semillas de la convivencia. Esta gran búsqueda se verá condicionada por su carácter, su modo de ser, por el trabajo a realizar a nivel exterior, ya que la Casa VII se encuentra en el punto opuesto del Ascendente.

Una Casa VII en signos de Fuego indicará que el complemento ha de aportarnos valores morales, que de él ha de venimos la chispa que pone en funcionamiento el motor, que es precisamente lo que nos falta. En signos de Agua indicará que el otro Yo ha de aportar vitalidad a los sentimientos, que ha de producir quizás en nosotros tempestades, que ha de provocar explosiones emotivas capaces de hacemos cometer actos desmesurados, quizá terribles. En signos de Aire el otro Yo aportará razón, lógica, estabilidad, capacidad de reconocer lo que es justo, lo aprovisionará en grandes ideales, en dar sentido a la vida. En signos de Tierra el otro Yo le aportará medios materiales, fortuna, enraizamiento en las cosas, sino hay malos aspectos, naturalmente. En esta Casa encontraremos información sobre el modo de ser del cónyuge, su situación, medios, familia, destino y todos cuantos detalles queramos saber sobre su idiosincrasia. Por extensión, veremos en ella el tipo de personas que elegimos para realizar nuestros propósitos, así como nuestra capacidad de vida en común y de trabajo en equipo.

La Casa XI

La Casa XI constituye el canal a través del cual el bien y el orden que hemos plantado en nuestro mundo, gracias a las fuerzas ordenadoras y legisladoras circulando por el canal VII, nos es restituido. Si a través del canal V la sociedad nos restituye el amor a que nos hemos hecho acreedores por nuestra actuación al servicio de lo más elevado que hay en nosotros mismos, y por el canal VIII se nos restituye el amor a que ha dado lugar nuestra actividad sentimental, por el XI recibiremos la recompensa a que ha dado lugar nuestra actividad mental en su primer estadio, el de la germinación del propósito racional.

Cuando este canal entre en fase activa veremos, pues, cómo aparecen en nuestra vida personas que piensan como nosotros, que están ordenadas internamente como nosotros lo estamos. Así, diremos que si los que aparecen por el canal V son los que participan en un mismo entusiasmo espiritual, los ungidos a nosotros por un impulso irracional, por una fe; si los que aparecen por el canal VIII son los que sienten como nosotros y, en un sentido negativo los que comparten nuestros vicios, nuestras pasiones; los que aparecen por el canal XI son los que comparten nuestros pensamientos y nuestras intenciones sociales: son esos viejos conocidos que nos han seguido de ciclo en ciclo y que han alcanzado ahora la categoría de amigos.

De ahí que la Astrología Tradicional nos hable de esta Casa como la de los Amigos, los Protectores, y que de ella emanen los grandes proyectos largamente elaborados, puesto que se trata del proyecto que un día inició su ciclo en Aries como un Designio y que ahora es ya una idea fija, estructurada. Esos amigos que aparecerán por el canal XI, serán, por consiguiente, aquellos que aparecieron en anteriores etapas como enamorados románticos, cuya fe en nosotros nos dio alas para proseguir con algo apenas consistente. Fueron luego nuestros amantes o nuestros cónyuges, animándonos con sus sentimientos. Y ahora son los amigos, con los que nos relacionamos exentos de toda pasión, dedicando todas las energías a la elaboración mental del designio.

Cuando, en el ciclo anual, la Nueva Luna cae sobre nuestra Casa XI, sabiendo que por ese canal aparecerán las personas que persiguen nuestros mismos propósitos intelectuales, bueno será que organicemos nuestra vida de manera que toda la estrategia esté orientada a encontrarlos. Claro que, siendo un canal receptivo, que circula del mundo hacia nosotros, ellos han de ser quienes se manifiesten. Pero para facilitarles su trabajo, conviene que agitemos nuestro pañuelo como diciéndoles: «¡Eh, estamos aquí!» Para señalarles nuestra presencia, en este período anual deberemos manifestar nuestras ideas, nuestros proyectos mentales, nuestras convicciones, lo que ya ha dejado de ser pasión o capricho y se ha convertido en propósito racional.

Debemos hacerlo con las armas que la vida pone a nuestro alcance, escribiendo, hablando, dirigiendo una carta a un periódico para que la publique en la sección de los lectores, o bien asistiendo a actos públicos en los que se manifiesten ideas en afinidad con las nuestras.

Así estaremos dando ocasión a que los que son semejantes a nosotros se manifiesten. Si utilizamos los canales adecuadamente, actuando de forma que puedan manifestarse en nuestras vidas con la máxima intensidad, la abundancia rezumará a nuestro alrededor.

Los buenos aspectos sobre la Casa XI indicarán que las semillas plantadas a través del canal VII iban correctamente orientadas y, por consiguiente, se inscribe ahora en nuestro interior, en nuestra psique, ese buen orden.

Las disonancias significarán, por el contrario, que hemos plantado las semillas del error y en nuestro pensamiento se interiorizará el desorden, de modo que, ante el mal funcionamiento de la mecánica interna, podamos darnos cuenta de que allí ha habido error. Si ese error no es detectado directamente por la psique, será a través de las anécdotas que al individuo le será dado comprender que se ha equivocado.

Esas anécdotas darán lugar a amigos conflictivos, a protectores que no protegen. Los que se asemejan a nosotros cometerán errores de juicio, sus planificaciones se hundirán, tendrán ideas equivocadas. Siendo ellos así, la persona deberá comprender que la vida pretende decirle que el error está en lo que ellos representan en su naturaleza interna; es decir, en la estructura misma de su psique, y si desmontan su mecánica mental para volverla a montar correctamente, los amigos que aparezcan en su vida serán de fiar.

La Casa III

La Casa III es la vía por la cual el pensamiento humano se derrama sobre el espacio físico en el que se desarrolla nuestra vida, del mismo modo que la XII era el canal por el que se liberaban nuestros sentimientos. Pero si en la XII la agresión de los sentimientos salvajes causaba destrozos en el medioambiente, aquí la liberación se efectuará según las reglas del arte. En efecto, la naturaleza humana ha cambiado en el espacio de tiempo que va de la XII a la III. Hemos efectuado el trabajo de sembrar las semillas del pensamiento a través de la VII; hemos probado el sabor de estas semillas al interiorizarlas en nuestra tierra a través del canal XI y ahora estamos en condiciones de separar la buena hierba de la cizaña.

Exteriorizaremos, pues, por el canal III lo que nos parece adecuado, habida cuenta del nivel de conciencia alcanzado y según las condiciones en que se desarrolla nuestra existencia, ya que ese canal se encuentra muy cerca de las realidades materiales y el pensamiento ha de procurar ser fiel a sus principios espirituales, pero al mismo tiempo adecuarse a las exigencias del mundo físico en el que está operando.

El signo de Géminis, que constituye el marco natural de ese canal, expresa esa doble necesidad en la figura de los dos gemelos, el celeste y el terrestre. En el canal III todos debemos ser de algún modo el hombre de la tierra y el hombre del cielo, el Caín y el Abel trabajando al unísono, y separar esas dos fuerzas, o bien conduce a la inoperancia o al atropello. Ser el gemelo sublime nos valdrá la incomprensión de nuestros coetáneos; ser únicamente el hombre de las realidades materiales nos convertirá en el individuo para el cual el fin justifica los medios, y así cargará un karma que puede tardar en pagar.

Las funciones ejecutivas de la Casa III corren a cargo de Mercurio, pero el planeta que rige el signo sobre el cual se encuentra implantada será el usurpador de esas funciones en la presente vida. La relación buena o mala, entre esos dos regentes, ha de decimos si el trabajo propio de esta Casa será realizado armoniosamente o no, con eficacia o no.

La Astrología Tradicional nos dice que la Casa III rige los hermanos, los vecinos, lo que forma parte del medioambiente en que se desarrolla la vida del individuo, los contactos y relaciones con los seres y las cosas que nos rodean, los pequeños desplazamientos, las palabras y escritos con que expresamos nuestro modo de pensar.

Siendo el canal por el que se manifiesta el pensamiento humano, la Casa III regirá todo lo que es idóneo a esa expresión en el más amplio sentido, englobando en ella los medios que la civilización y el progreso industrial ponen a nuestro alcance para tal manifestación: prensa, radio, cine, TV, transporte, papel, imprenta, etc., en lo que tienen de medio difusor.

La Casa X

La Casa X representa la cristalización del propósito humano, el punto final de un largo esfuerzo. Cuando el Ego pone sus vehículos mortales a trabajar en un nuevo programa, empieza impregnando la conciencia, o sea, introduciendo el programa a través del Sol. Cuando la conciencia-Sol, desde su punto central, alcanza las capas más externas, derramándose al exterior en su fase Vav, entonces el Ascendente toma en mano el programa y lo desarrolla en su fase externa.

Lo que fue una experiencia interior pasa así a ser experiencia exterior, pero al abordar la construcción material de un designio cualquiera, no podemos pretender situarnos inmediatamente en el puesto de directores generales, sino que empezaremos por los niveles más bajos, como antes se hacía en las empresas americanas, donde los botones acababan a menudo siendo los grandes magnates.

El Ascendente representará el primer instante de la Fase Fuego de una actividad material, es decir, el inicio de un trabajo en el que participamos de una manera bastante inconsciente, sin saber dónde nos conducirá todo aquello, impelidos por una fuerza interior -la de la conciencia- que no alcanzamos a comprender. La Casa X representará, por el contrario, la Fase Tierra de la actividad emprendida en un lejano día. Es decir, hemos sido sucesivamente (en otras existencias) los que han barrido el local donde desarrolla sus actividades la empresa, luego hemos actuado en ella como auxiliar administrativo, después como jefe de negociado, y ahora, con la Casa X, nos corresponde el puesto de Director General.

En la vida social, bien lo sabemos, no todos podemos ser directores generales de empresas, pero la Casa X indicará siempre aquello que dominamos; aquello en lo cual somos maestros indiscutibles, aunque se trate sólo de un modesto trabajo material.

Cuando se habla de trabajo, se piensa inmediatamente en profesión, y así vemos que la Astrología Mundana relaciona siempre la Casa X con la actividad profesional. Y, en definitiva es natural que, en el estadio evolutivo en que se encuentra el hombre, piense en sacarle dinero a sus habilidades. Pero no siempre las cosas que dominamos son aquellas que ejercemos profesionalmente. Podemos realizar las tareas indicadas en la Casa X por vocación y trabajar profesionalmente y sacar dinero en otras actividades.

De todos modos, en la Casa X encontraremos inscrito aquello que nos vendrá con facilidad, por llevar largo tiempo ejerciendo en ese dominio. Si muchos planetas, formando buenos aspectos, se encuentran en ese sector, es prueba evidente de que nos será fácil ser directores generales.

En cambio, si los malos aspectos arrecian sobre este sector o si su planeta regente los forma, eso significará dificultades para ejercer el mando, trabajo en empresas precarias, adversidad. En tal caso, será mejor orientar el individuo hacia los trabajos relacionados con la Casa VI o la I, si es que los regentes de dichas Casas forman buenos aspectos. Pero si esto se aconseja, hay que tener bien en cuenta que el individuo difícilmente será un directivo en los asuntos relacionados con el Ascendente y menos aún con los relacionados con la Casa 6 ya que se tratará de trabajos que obligatoriamente se tienen que cumplir no habiendo sido realizados en su momento. De todas formas, con buenos o malos aspectos, los valores de la Casa X tienen que ser ventilados, puesto que constituyen la fase última de cristalización del designio.

Casa II

La Casa II constituye el canal por el cual la Tierra restituye al ser humano el contravalor de sus esfuerzos laborales anteriores, del mismo modo que a través del canal V se instauran en su interior los valores morales, a través del canal VIII se le restituyen los sentimentales y a través del XI los intelectuales.

La II es, pues, esencialmente la morada del reposo, la que permite al ser humano descansar de las tareas creadoras y dedicarse ampliamente a lo que le guste, sin que pesen sobre él obligaciones acuciantes. Del mismo modo que Tauro, el signo que constituye su sede, es el de la extrema individualidad, aquél en que el hombre se siente rey de la Creación y desvinculado del resto del cosmos, también la Casa II hace que el hombre se considere un mundo aparte, insolidario y sin obligaciones.

La Casa II indica las recompensas materiales que el individuo puede esperar en la presente vida y la forma de obtenerlas. En la vida civil vemos que los cobros suelen efectuarse en unas taquillas situadas en unos establecimientos llamados Bancos, o bien el contable de la empresa nos trae el sobre. En la organización cósmica, ya lo hemos dicho muchas veces, todo está perfectamente ordenado, y se ha previsto una forma de efectuar los pagos. Muchas veces, el individuo que debía cobrar no cobra porque no respeta ese ritual, es decir, porque no se encuentra en el lugar que le ha sido designado para cobrar, o sea: no está haciendo lo que debería hacer. ¿Por qué no lo hace? Si examinamos su tema quizá encontremos un Venus mal aspectado que le da un gusto excesivo por algo que no corresponde al resto de su personalidad y entonces se dedica a aquello, cuando si siguiera el patrón de sus aptitudes cobraría el salario merecido por sus méritos.

La Casa VI

La Casa VI representa el punto terminal de los cuatro ciclos Fuego-Agua-Aire-Tierra. Su sede es Virgo, el signo que impulsa al desprendimiento de las posesiones materiales, sacando de ellas la esencia de las experiencias adquiridas. La Casa VI será, pues, el canal por el cual abandonamos todo lo que quizá a lo largo de vidas hemos ido acumulando, en vistas a un próximo comienzo a partir de cero.

Ello supone un trance muy doloroso, ya que en la Casa VI se rompe una continuidad. En las Casas Vav de los demás ciclos también se producía un cambio, pero se trataba allí de un cambio de orientación, camino de la meta; era un final de etapa y no el final de un gran cielo de vida.

En Sagitario terminaba el trabajo desde una perspectiva para continuarlo desde el prisma de los sentimientos; en Piscis agotábamos nuestra fuerza sentimental, quedábamos exhaustos en lo que se refiere a sentimientos, pero descubríamos inmediatamente la manera de proseguir con aquello que deseábamos con la fuerza del pensamiento, que ampliaba enormemente la posibilidad concebida bajo el imperio del sentimiento. En Géminis, la razón conducía a la realización práctica, con la enorme ilusión de ver levantarse en firme aquello que habíamos estado preconizando. A lo largo de esos cuatro ciclos hemos trabajado con las mismas personas. Con ellas compartimos los ideales en el ciclo de Fuego, compartimos las pasiones o luchamos unos contra otros en el ciclo de Agua; nos reconciliamos o nos unimos más estrechamente en el cielo de Aire y luego dimos cima al designio en el ciclo de Tierra, gozando al mismo tiempo de la riqueza que el duro trabajo aporta.

En cambio ahora, por el canal VI virginiano debemos desprendernos de todo aquello para iniciar un nuevo gran ciclo experimental, en el que seguramente perderemos el contacto con los que fueron nuestros amigos, hermanos, padres, hijos, familia. El Ego Superior va a ponemos a trabajar en una nueva experiencia y tal vez conservemos alguno de nuestros antiguos contactos, pero quizá no.

El alma no sabe a ciencia cierta que todo ello va a suceder, pero si lo barrunta, lo sospecha, siente oscuramente que se acerca el inevitable final, y por ello actúa como no lo hiciera al final de los ciclos anteriores: en lugar de lanzar alegremente al espacio el contenido de su yo humano, trata de retener lo que de todas formas se irá degradando y deberá soltar.

No es que anteriormente no se haya producido ya algún precedente, sobre todo en la vida sentimental, cuando nuestro yo emotivo, enamorado de una determinada alma, ha pretendido mantener su vinculación con ella más allá del período útil a la experiencia en curso, pero en este caso, existiendo espacio por delante, lo que no salía por un canal, salía por otro, inadecuado quizá, creando perturbaciones, pero luego, a otros niveles, las cosas volvían a su cauce. Llegados a la Casa VI, ya no quedan canales por los que expulsar las experiencias en curso, y retener dentro lo que debe salir fuera, representa obstruir la circulación de las corrientes, y ello ha de ocasionar serias perturbaciones a la salud.

Por ello la Casa VI es la de las enfermedades. Lo que un día penetró en nosotros a través de Aries, tiene que ser expulsado a través de Virgo, y lo que un día nosotros lanzáramos al mundo a través de la Casa I y que fuera tomando forma en las Casas sucesivas, ha de salir por la VI. Si este canal se encuentra taponado, los residuos deberán permanecer en el interior y producirán la enfermedad.

También los compromisos que contraemos con nuestros actos y que después no queremos reconocer, van saltando de ciclo en ciclo, hasta encontrarse con esta Casa VI, donde adquieren una identidad muy distinta de la que tenían en un principio. Llegados a esta puerta, debemos cumplir con esos compromisos irreconocibles por viejos. Por ello la Casa VI es la del servicio.

Este sector, según la astrología mundana, es la que rige los inferiores: inferiores jerárquicos, domésticos, subordinados, y también lo inferior que hay en nosotros mismos, los vicios, los hábitos perversos. En el esquema cabalístico vemos por qué esto es así, ya que si expresáramos los cuatro ciclos en forma de escalera, la Casa VI y su fuente natural, Virgo, ocuparían el último peldaño, de modo que lo que se encuentra en esa puerta es lo inferior, lo que debe subordinarse a otras instancias más elevadas.

Finalmente, encontramos inscrito en este sector el servicio, el trabajo obligatorio que debemos cumplir sin esperar ninguna recompensa por ello. Lo que sale por la VI, evidentemente no corresponde a una ambición ni a un ideal, sino que son los materiales degradados que deben ser expulsados y sobre los que presionan los nuevos contenidos procedentes de los ciclos de arriba.

Kabaleb

 

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