Júpiter

JúpiterSi observamos la posición de Hesed-Júpiter en el Árbol de la Vida Cabalístico, vemos que por un lado es el 2º He (fruto) del primer ciclo sefirótico y, por consiguiente, el Yod (inicio) del nuevo ciclo; es decir, por un lado es el fruto del Pensamiento Divino y, como tal, contiene la semilla de un nuevo mundo, el de los Sentimientos. Si de Kether nace la suprema Voluntad que lo mueve todo, en Hesed nacerá el Imperioso Deseo que impulsa al individuo a la conquista y al goce de todo.

El segundo ciclo de Sefirot entró en fase activa en el 2º Día de la Creación, cuando el elemento Agua existente en el zodiaco se extendió por todo el recinto de la nebulosa, dando lugar a la división. Júpiter sería el encargado de reinar en esa división, administrándola primero y conduciéndola hasta la unidad después, de modo que en la naturaleza jupiteriana se encuentran encerrados el poder de los sentimientos que lleva a conquistarlo todo, la justicia que lleva a la renuncia de todo, representada por su hijo Marte-Gueburah -Marte es el hijo de Júpiter en la mitología- y el equilibrio entre la posesión y la renuncia, que representa su otro hijo mitológico Apolo, o el Sol, donde Cristo aparece para unir el Fuego y el Agua en la tarea de la Creación.

Pero esos dos hijos son el futuro jupiteriano, mientras que su presente es el poder, la facultad de ejecutar y de interpretar las leyes saturnianas. Es el fruto de la inteligencia, pero su fuerza generadora da nacimiento a los deseos y en la vida ordinaria de las personas, más aparece como promotor de los deseos que como hijo de la mente. Y esa desvinculación entre mente y deseos bien aparece reflejada en la Mitología, cuando se nos dice que Júpiter destronó a su padre Saturno y lo sepultó en el abismo del inconsciente. Ya desembarazado de su calidad de hijo de la mente, de 2º He del 1er ciclo, Júpiter se dedicó a organizar un universo a su imagen y semejanza, haciendo que los deseos reinaran como soberanos absolutos.

Así pues, en un Horóscopo, la posición de Júpiter indicará siempre el punto en que los deseos triunfan, y como la humanidad actual vive identificada totalmente con sus deseos, Júpiter significará el triunfo de las esperanzas, de los anhelos, el éxito, la gloria, la coronación de las ambiciones. Todo ello posible-mente conduzca al exceso, al desafuero, pero si así sucede, ya vendrán detrás los hijos de Júpiter, Marte primero y después el Sol, a restablecer el orden, con la ayuda de papá Saturno, que sigue vivo en el inconsciente, generando leyes que su hijo se empeña quizás en violar.

Tendremos pues que entre los plurales rostros de Júpiter se encuentran dos personalidades muy marcadas: aquella en que aparece como fruto de la inteligencia divina, o sea, antes de haber derrocado al padre Saturno, y la que encarna al rey promotor de los deseos. En el primer caso será el príncipe providencial, el que viene a nosotros cargado de presentes divinos. Que son el resultado de nuestro servicio a la causa trascendente, con o sin la participación de nuestra conciencia. Este es el Júpiter sagitariano, que aparece en le Tarot bajo los trazos del Emperador, la carta nº 4 que es portadora de los resultados obtenidos en el ciclo de Fuego, o sea, la carta 2º He. Si es este Rostro el que se manifiesta, las recompensas caerán sobre nosotros de una manera fantástica, ya que son el fruto de pasados esfuerzos. Esa riqueza es, en principio, de naturaleza espiritual, pero a veces el desarrollo de la espiritualidad se consigue por la vía de la abundancia material, de modo que también vendrá esa abundancia.

La otra faz, la del promotor de deseos, es el Júpiter de Cáncer, signo en el que nos dicen los astrólogos que Júpiter se encuentra exaltado, mientras la Mitología lo casa con Hera, la naturaleza femenina de Júpiter, su otra polaridad. Aquí Júpiter pierde su nombre para convertirse en Hera, la naturaleza fecunda que da vida a los deseos. Si es este Júpiter el que domina, de él puede esperarse absolutamente todo, pero ya no como una legítima recompensa por los servicios prestados a la causa espiritual, sino porque pone en nosotros el germen de los deseos y se ocupa de que florezcan y se realicen en el espacio social. Para conseguirlo Júpiter se ha hecho con el dominio de Piscis, signo exteriorizador de los sentimientos.

Kabaleb

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