Árbol de la Vida

Arbol de la vidaLa Cábala explica la creación a través de un esquema llamado el Árbol Cabalístico o Árbol de la Vida, en el que figuran diez Séfira (Sefirot en plural) o centros de vida, cada uno de ellos ligado al otro por un sendero o camino de luz. Esos diez Sefirot son centros transformadores de las energías primordiales y pueden ser comparados a nuestras modernas fábricas donde las materias primas son elaboradas y convertidas en objetos concretos.

El Árbol Cabalístico está formado por tres Columnas, la de la derecha, llamada de la misericordia, de la tolerancia o de la intuición; la de la izquierda, que es la de las normas, el orden o el rigor; y la del centro que es la del equilibrio.

El primero de sus centros, situado en lo alto de la Columna del centro se llama Kether. Kether es el Séfira de la voluntad, ya que, nos revela la Cábala, la voluntad es la que lo mueve todo. El primer acto de creación divino, es un acto de voluntad que puso en marcha todo el proceso de creaciones ulteriores. La particularidad de la Cábala y su superioridad sobre los demás sistemas filosóficos es que contempla la creación más allá de un hecho histórico, como algo actual que está sucediendo en cada uno de nosotros de forma constante.

Es decir, dice la Cábala, si Dios creó el mundo mediante un acto de voluntad ese procedimiento quedó interiorizado en la dinámica del universo de tal manera que, para crear cualquier cosa, grande o pequeña, será preciso que el ser humano movilice en él su voluntad.

La voluntad es el atributo de Kether y Kether se encuentra interiorizado en todos los niveles de la Creación: o sea Kether está en cada uno de nosotros, como lo están los demás centros del árbol, y desde nuestro Kether particular debe salir la voluntad que pondrá en marcha el engranaje de los demás centros.

El segundo Séfira, situado en lo alto de la Columna de la derecha, se llama Hochmah, y es la fábrica especializada en amor-sabiduría, es el que nos llena de esa esencia que llamamos ayuda divina. De modo que el amor es el segundo ingrediente que apareció en el proceso creativo, y ese amor primordial se define como la fuerza capaz de unir todo aquello que por su naturaleza, puede ser unido. Es el ingrediente que lo unifica todo.

A nivel individual, ese amor de Hochmah se manifiesta en nuestras vidas bajo forma de circunstancias favorables a la realización de aquello que la voluntad ha programado, es lo que llamamos comúnmente suerte. De modo que la Cábala viene a decirnos: despliega la voluntad con extremo vigor y verás como te vienen del mundo las circunstancias que permitirán realizar aquello que la voluntad ha puesto en marcha. Es una ley que siempre se ve refrendada por la realidad y cada uno de nosotros puede comprobarlo con sus propias experiencias.

El tercer Séfira, situado en lo alto de la Columna de la izquierda, se llama Binah, y su atributo es inteligencia activa. Es un centro especializado en la construcción de la idea-marco en el que el propósito de la voluntad ha de realizarse. Toda experiencia en curso necesita un marco legal en el que poder ser realizada, una estructura y unas normas. La cosmogonía de Moisés relata que, al iniciar su obra, Dios trazó un círculo para delimitar en ese espacio su creación. Ese círculo es el zodíaco. Del mismo modo, al disponernos a realizar una experiencia cualquiera, debemos definir un marco. Esa delimitación de un espacio aparece en las antiguas ciudades, que se construían dentro de un recinto amurallado.

Esos tres primeros Sefirot se sitúan en un plano llamado por los cabalistas Mundo de Emanaciones (se corresponde al Elemento Fuego), de modo que al comenzar cualquier experiencia, la parte más elevada de nosotros mismos la emana, en vistas a su proyección en el mundo material en que nos movemos.

El cuarto Séfira se denomina Hesed, y su atributo es la expansión y el poder. Está situado por debajo de Hochmah en la Columna de la derecha. Cuando Binah ha trazado el marco en que se desarrollará la experiencia y ha establecido las leyes que han de observarse necesariamente, dadas las condiciones de ese marco, entonces Hesed construye en él todo lo que ese espacio pueda abarcar. Hesed es el primer Séfira del denominado Mundo de Creaciones (se corresponde al Elemento Agua), en el que actúan los sentimientos humanos, de modo que cuando la personalidad divina que hay nosotros ha elaborado un programa de acción, lo transmite a nuestra personalidad emotiva para que le dé una forma que resulte complaciente para nuestras emociones.

Cuando Hesed ha edificado su mundo con criterios sentimentales, entra funciones el quinto Séfira, llamado Gueburah, que es el rectificador, el que utiliza ese líquido que llamamos Vitriol para corregir el trazado, si es que Hesed ha vulnerado las leyes dictadas por Binah.

Después de haber actuado Gueburah, el deseo de la experiencia a realizar es más equilibrado y puede inscribirse en el programa del centro ejecutivo, representado por Tiphereth, el sexto Séfira, segundo de la Columna del centro. Tiphereth es el encargado de conseguir que el proyecto iniciado en Kether pase por el tamiz de la consciencia.

Aparecen luego los tres Séfiras inferiores, los cuales se encargan de la elaboración mental del doble propósito que les viene de nuestra personalidad espiritual y emotiva. Netzah, situado en la Columna de la derecha, por debajo de Hesed, representa la armonía y la belleza, el amor a un nivel más terrestre. Después de haberse equilibrado en Tiphereth, la experiencia debe ser recubierta de un bonito embalaje para que resulte más sencillo venderla, para que el ser humano la quiera vivir.

Netzah es el primer Séfira del denominado Mundo de Formación (se corresponde al Elemento Aire), en el que actúa la razón, de modo que cuando la personalidad divina que hay nosotros ha elaborado un programa de acción, lo transmite a nuestra personalidad emotiva para que le dé una forma que resulte complaciente para nuestras emociones; luego actúa la personalidad mental que debe elaborar el fondo y comunicarlo al exterior.

El siguiente Séfira es Hod, se sitúa a la izquierda, por debajo de Gueburah, aportará a la experiencia el punto de raciocinio necesario, le ayudará a encajar dentro de una línea lógica. Es el encargado de la comunicación.

Yesod, el Séfira situado en la Columna del centro, por debajo de Tiphereth, es el paladín de la imaginación, el que se encarga de las proyecciones, es el contacto con la realidad, el que le ofrece a la experiencia el último toque, la postrera instrucción antes de salir al mundo y desarrollarse.

Malkuth, situado al final de la Columna central, es el Séfira número 10, que representa el mundo material en que vivimos. Forma el Mundo de Acción (corresponde al elemento Tierra), el que aporta la plasmación del proyecto iniciado en Kether hasta la realidad material.

El Árbol Cabalístico tiene 32 senderos, que marcan un recorrido que conduce a la suma perfección. La Cábala nos dice que nuestra obra humana consiste en bajar los peldaños que van de nuestro ser espiritual a la realidad material, (en el Árbol Cabalístico sería ir de Kether a Malkuth), para luego subir las experiencias realizadas en el mundo de abajo hasta nuestro yo-eterno para enriquecerlo con ellas (ir de Malkuth a Kether). Esta subida es la descrita por los alquimistas mediante ese proceso de purificación de los metales, el que nos lleva a convertir el plomo en oro o, dicho de otro modo, el que nos lleva a pulir nuestra piedra bruta, a desbrozar la piedra que oculta ese diamante que es nuestra alma.

A cada paso que damos debemos superar un estado de ser, debemos pulirnos hasta alcanzar un determinado estado espiritual, que nos permitirá ver la vida desde una óptica distinta. La cábala nos ayuda a alcanzar ese estado.

 

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